El panorama del vino mexicano

Foto: Envato

by Raquel del Castillo

Al igual que presumimos de la excelente cocina mexicana, debemos presumir y hablar de los vinos producidos en México. No es necesario que viajemos largas distancias para encontrar una botella de vino que pueda captar nuestra atención. México tiene un futuro prometedor en la industria del vino, ya que se han hecho grandes avances en su producción y su consumo, lo que está acelerando el trabajo. Para comprender esto, es necesario echar un vistazo a las cifras de los últimos años, y será solo asunto de ver cómo hacer nuevas inversiones, para que todos pueden enamorarse el encanto de vino mexicano.

Mientras en Europa se consumen anualmente 30 litros per cápita y en Argentina 20, en México actualmente apenas se consumen 700 mililitros. La suma total es de 70 millones de litros anuales. Esta cifra aunque emotiva, hay que restarle el setenta porciento correspondiente a etiquetas de vino que se importan de Francia, Italia, España, Argentina y Chile. Esto nos habla de un crecimiento del 12 por ciento anual en los últimos 10 años, lo cual nos dice que hay mucho por hacer.

México cuenta con más de cien bodegas y trescientas cincuenta etiquetas en el mercado – y va en aumento. La producción total de vino hace un total de 62,134,000 litros en una extensión de 3,076 hectáreas (6, 903, 000 cajas) equivalente a 10 mil trescientos millones de pesos. Según el Consejo Mexicano Vitivinícola (CMV) la inversión que dio como resultado esta cifra fue de 800 millones de pesos, lo que produjo un margen de ganancias de 9 mil quinientos millones de pesos. Es por ello que Ramón Vélez, presidente del CMV espera que la cifra de litros para el 2020 llegue a un aproximado de doscientos millones anuales. “En esta industria, ser paciente trae recompensas, especialmente si tienes que esperar cinco años a que crezcan las uvas y luego recoger la cosecha con esto en mente, se trata de un buen negocio para invertir.” Aseguró Vélez quien ve en este oficio un ejercicio noble debido a que arraiga al hombre a la tierra consumiendo su tiempo todo el año en la siembra, la poda,el deshoje y la cosecha, “siempre hay algo que hacer en el viñedo, el agricultor cuida de todo su proceso, lo conoce de principio a fin”, comentó.

Afortunadamente, el territorio nacional tiene varias regiones propicias para la viticultura. Las bodegas han encontrado nuevas oportunidades para producir uvas y vino en los campos del país. Regiones ya emblemáticas como Baja California y su Valle de Guadalupe, Coahuila (Parras), y Querétaro con Ezequiel Montes en donde las Fiestas de la Vendimia de Baja y Querétaro atraen a una cifra importante de turistas a la región además de gente de otros territorios, como Guanajuato, Zacatecas y Aguascalientes, además de aventureros de San Luis Potosí, Sonora y Puebla. “El reto está en mantener la calidad de las bodegas, sus procesos y la persistencia, por ello necesitamos a más enólogos, agrónomos y agricultores, además de una mayor infraestructura para la venta y conservación del producto, que la gente esté comprometida con el oficio, sólo así se puede convencer al mexicano para que pruebe nuestros vinos”, afirmó Vélez. Habrá que multiplicar por cinco las 3,600 hectáreas dedicadas al cultivo de la vid. El problema del escaso consumo de vino nacional no se debe a que este se acaba sino a su producción limitada. La responsabilidad de la promoción de una deseada cultura vinícola en México no es sólo de los productores; también entra en juego la gastronomía y la forma en la cual se combinan ambos artes, tal como se hace en distintos eventos a lo largo del año: Morelia en Boca, El Festival de Vino y Comida de la Rivera Maya, Catar México en Guanajuato, las fiestas de lavendimia de Julio a Septiembre, y el festival Gourmet Internacional de Puerto Vallarta y Rivera Nayarit. Al final siempre habrá un espumoso para un mole Oaxaqueño, un buen blanco para una rica langosta de Ensenada y un tinto para un buen corte Sonorense.

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